Todas las transformaciones que han cambiado el curso de la humanidad se hicieron gracias a las existencia de alguna utopía que inspiraba a las personas, provocando que sacaran lo mejor que encerraban dentro, que lo compartieran y que alcanzaran metas que hasta entonces se habían considerado imposibles. Esa utopía contagiaba a las personas para que se uniesen a fin de conseguir lo que otros decían que era imposible.
Las utopías son el alimento de los cambios. Quien nada se propone nada consigue. Es el deseo de superar viejos paradigmas el que hace nacer los nuevos.
¿Podríamos explicar el descubrimiento de América, la llegada del hombre a la Luna, los avances en las condiciones sociales de vida y de libertad, por poner unos ejemplos, si no es porque alguien -muchos- creyeron que era el momento de dejar de decir: "No es posible"?
¿Cómo se puede entender que personas como Martin Luther King, Mandela o Gandhi consiguieran lo que consiguieron? ¿Cómo lograron que millones de ciudadanos anónimos apoyaran sus proyectos aún a costa de su vida? ¿Cuánta gente les diría que su propósito era una utopía?
La utopía encuentra fuerzas donde uno cree no tenerlas, tiende puentes sobre abismos que parecían infranqueables, traspasa fronteras antes custodiadas por el miedo o la ignorancia, dota de sentido a los esfuerzos. La utopía hace tiempo que no se pregunta...

simplemente dice:

Quien se conforma, quien desiste, quien simplemente critica la realidad sin aportar soluciones, realmente ¿para qué sirve? ¿Qué aporta?
Pero la utopía para ser fecunda debe estar asentada en la razón, explorando sus límites, y alejada del ego, su gran amenaza, o del egoísmo, que la convierte en el instrumento de la manipulación.
Por lo tanto:
- Utopía sin Razón = fantasía
- Utopíacon Ego = locura
- Utopíacon Egoísmo = manipulación y demagogia
Esta sociedad necesita personas que crean en la utopía de que somos los protagonistas de la construcción de nuestro futuro, no meros espectadores de los cambios.
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